Decano Omar Rancier deplora ordenanzas en el Distrito Nacional solo respondan intereses económicos

Lo que se ha hecho responde a una visión economicista de la ciudad por parte del sector inmobiliario, cuando esta debe ser un espacio donde todos puedan vivir y ganar

Arquitecto Luis Omar Rancier Valdez

La ciudad de Santo Domingo se ha tornado muy compleja para que a la hora de modificar ordenanzas, como la recién 85-2009 por la 10-2020, por parte del Concejo de Regidores del Distrito Nacional, solo tome en cuenta el parámetro de la densidad y deja fuera otros fundamentales como las condiciones de suelo, servicios, drenajes, medio ambiente y otros.

La consideración es del arquitecto y urbanista Omar Rancier, decano de la Facultad de Arquitectura y Artes de la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña (Unphu), quien explica que la densidad apenas tiene que ver con la cantidad de persona que habita un área determinada de terreno.

Expone que parámetros como la ocupación de terrenos, uso de suelo, lo que llama índices de construcción, deben combinarse con otros de tipo social, ambiental y económicos, que ofrezcan un diagnóstico lo más cercano a la realidad de una determinada zona.

Presión. Considera que el tema de las densidades no puede ser tomado tan a la ligera, por la presión que ejerce el sector inmobiliario, que solo piensa en ganar más sin tomar en cuenta la calidad de vida urbana.

“El rol del ayuntamiento no es responder a esa presión, sino perfilar una ciudad que sea vivible, que sea amable, por tanto asumir una decisión de manera unilateral, es errada”, añade.

Compara el territorio con una esponja, que a medida que se les suministra agua va creciendo, pero llega a un punto que no resiste más y comienza a botarla.

Señala que un lugar donde hay ocho o 10 familias con aumento de densidad se lleva a 20 o 24 con la misma capacidad de infraestructura, genera problemas ambientales y de servicios fundamentales de suministro de agua potable, drenaje pluvial y sanitario, áreas verde, transporte y otros.

Indica que el tema ambiental es fundamental, y hay que saber cual es la carga ambiental de un sector para entonces determinar densidades.

“Entiendo que la ciudad tiene que transformarse, porque es viva, pero tiene que hacerse de la mejor manera posible, por lo que tomar en cuenta solo un parámetro es una metodología incorrecta”, señala.

Revocar decisión. Resalta que en los últimos años la Alcaldía del Distrito Nacional haya hecho un esfuerzo por crear instrumentos normativos que permitan controlar el desarrollo caótico de la ciudad, como el Plan de Ordenamiento Territorial.

Cree que la modificación de la ordenanza 85-09 por la 10-020 se hizo muy desde el cabildo, por lo que no se corresponde con el citado plan que manda a consultar con los pobladores, porque son los primero afectados.

Sugiere al cabildo detener la aplicación de la ordenanza de la Circunscripción Uno, que afecta a sectores como Las Praderas, La Castellana y San Jerónimo, y que abra un proceso amplio de consultas a especialistas en el tema y los vecinos.

Aconseja al ayuntamiento a que aborde el tema en su conjunto cuando se disponga a modificar normativas, resoluciones y ordenanzas que tienen que ver con la ciudad de Santo Domingo, no solo desde el punto de vista de las densidades, que son muy manipuladas, debido a que existen diferentes métodos para calcularlas.

Visión económica. Se recuerda los hundimientos que se han producido en Las Praderas, La Castellana, Los Prados y San Jerónimo en época de lluvias, por lo que una modificación de la ordenanza en la zona tiene que darse luego de amplias consultas con los especialistas y los vecinos.

Estima que lo que se ha hecho responde a una visión economicista de la ciudad por parte del sector inmobiliario, cuando esta debe ser un espacio donde todos puedan vivir y ganar.

“Yo no creo en congelar la ciudad, esta se tiene que transformarse, pero de la mejor manera”, expone el urbanista a inquietudes sobre al desarrollo de la ciudad.

Rancier advierte que el territorio tiene un límite, por lo que no conviene forzar esos límites sin que se creen problemas ambientales, de tránsito, suelo, de agua potables, manejo de residuos y otros.

Ya en Santo Domingo se está produciendo el fenómeno de la salinización de las aguas subterráneas.

Por Juan María Ram­írez/Hoy

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