Mi Año 94

Por: Tiberio Castellanos


    Mi amigo, ya ausente, el trovador Juanito Tremble, decía que al día siguiente de uno cumplir año, ya estaba uno viviendosu año próximo. Es decir, que como ya cumplí 93 en noviembre, ya estoy viviendo mi año 94. Y en eso andamos.

       Algún lector amable pensará que una persona ya nonagenaria puede aportar muy sabios consejos. Déjeme reírun poco. Eso fue práctica y costumbre de pasadas generaciones. Hoy los jóvenes saben más que los viejos. Por supuesto, no todos los jóvenes. Me refiero a los jóvenes de algunos estudios: universidades, Internet, y algunas ciencias o tecnologías.

Algunas de las cuales son muy extrañas para mí. Como La Física Cuántica.Y calculan algunos las diferencias de las conductas de los jóvenes de antes y los de hoy. -«Los jóvenes de hoy por calles y carreteras en sus veloces autos,»texteando»-. Ciertamente, se pierden muchas vidas por ese texteo. Pero hoy pensaba que el asunto hubiera podido ser muy diferente, si en mi juventud se hubiesen ya perfeccionado los celulares. Entonces yo hubiera vivido texteando, pero en un vagón de pasajeros del tren o sobre la silla de mi caballo. Que los automóviles, digo los veloces, llegaron a mi pueblo un poco después.   

       Sí, podría entenderse mejor si yo digo que carros y carreteras llegaron a mi pueblo bastante después de trenes y raíles. Es que mi aldea surgió, precisamente en la vía de ese Ferrocarril de finales del Siglo Diecinueve que comunicaba a Sánchez, en el Atlántico, precisamente en la desembocadura del Yuna, con La Culta y Olímpica ciudad de La Vega en el centro del Cibao.

       Allí precisamente, casi enfrente de aquel tanque de agua donde «bebía» el tren estaba mi casa. Es bueno también precisar quecuando hubo carreteras en la zona y llegaron los automóviles, estos no eran de muy fácil manejo. Pasaron muchos años antes de llegar estos juguetes de ahora que hasta un niño puede manejar. 

       Bueno, lo anterior no hace ninguna regla. Los tiempos de la aldea de mi infancia y esas particularidades que menciono ya no se dan en las ciudades modernas. Aún así me entretiene a veces imaginar el salto que dió la comunicación de la palabra hablada desde aquel primitivo teléfono que conocí en la Estación del Ferrocarril: bueno, el auricular en una mano, la otra mano dándole manigueta al timbre, aló, aló, aló, Pimentel llamando a Villa Riva. Etc. Si, el salto de ese viejo aparato al moderno Celular es enorme.

      Por supuesto, lo que parece todavía atraso e ignorancia es el uso que muchos dan hoy a tan insigne invento. 

      La vida, la mía, la tuya, y pienso que también la de ese viejito que con frecuencia viene a dormir su jumo en el banquito de laparada de la guagua frente a casa (ojos azules, que talvez tuvieron, tiempo ha, su encanto juvenil) Sí, la de ése también. Aunque me parece que quizás él no lo ha advertido todavía. La vida es un regalo de Dios. Y es un regalo que muchos desperdician.

      Y, antes de pasar a este tema del desperdicio. O quizás sería mejor el de no apreciar y cuidar, o mejor decir, no enaltecer ese regalode Dios. Antes de llegar a ese tema. Déjeme decir que ocurren también casualidades, accidentes u otras circunstancias aún en el caso de que usted y yo seamos cuidadosos con el regalo de Dios.

      Lo que falta a esta descarga, como ya usted supone, es un recorrido a vuelo de pájaro por sobre vicios y virtudes que la gente cría. Sí, y aunque parientes y vecinos pueden contribuir, esto de los vicios y las virtudes y su desarrollo exitoso o insano es exclusiva responsabilidad mía o tuya. De nadie más. Y he observado que lo mismo un vicio que una virtud nacen y crecen de un modo igual. Pruébalo, si quieres. Es LA REPETICION, que en el desarrollo de una virtud se llama PERSEVERANCIA, lo que hace al virtuoso cercano a cierta perfección. Y en cuanto a los vicios, también se ha probado que la repetición de una conducta «limpia», como se dice, puede vencer un vicio, cualquiera sea este. Alcohólicos Anónimos, ese benemérito grupo inventor del «grupo de apoyo», enseña a sus afiliados hacer la promesa de no tomarse un trago durante el día de hoy. Y repetir la misma promesa el día de mañana. Y así cada día hasta vencer el hábito de beber. Bueno, pues eso puede hacer también el fumador y el comelón.

Y recuerdo que los comienzos son siempre difíciles. Sí, difícil. Como lo será para este amigo mío que ya pasó por las manos del «bariático». O mejor sino de MENTE. dicho, paso su estómago. El Bariático cobró, y él siguió en lo mismo. Está hoy mas obeso que antes. Pienso yo que el asunto no es de ESTOMAGO,

Un abrazo,

Tiberio

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