Regalo de cumpleaños

Por: Ariano Miguel Tejada

Hace poco cumplí 71 años de edad en bastante buena salud. De hecho, gracias a Dios, en toda mi vida adulta solo me he realizado una intervención quirúrgica y un par de internamientos generalmente por pulmonías. Los accidentes de automóvil que he tenido, ninguno grave, se pueden contar con los dedos de una mano.

Pero al día siguiente de mi cumpleaños, mi asegurador me informó vía un correo electrónico que debido a que había llegado a los 71 años, mi póliza se iba a ¡duplicar! y que si llegaba a los 81 se ¡triplicaría!

Al principio creí que era un relajo de algún amigo, pero no.

A pesar de mi buena salud, la compañía de seguros decidió que mi riesgo era el doble de lo que pago, con la amenaza de que cuando ya no pueda trabajar probablemente no voy a poder pagar la póliza.

Esa es la realidad de los ancianos en nuestro país: cuando más necesitan de su seguro de salud, menos posibilidades tienen de tenerlo.

Piensen en los que se jubilan. El premio por jubilarse es quitarles el seguro, o sea que encima de la pensión de miseria que comenzarán a recibir, ahora tampoco estarán resguardados en su salud.

En el tema de los seguros de automóviles, el caso es similar. Cada año te suben la póliza por inflación, por el dólar, por lo que sea.

En los Estados Unidos, por ejemplo, si tuviste un año sin accidentes, las aseguradoras te descuentan la póliza o te dan un bono. Es un incentivo a tu buen comportamiento como conductor. Pero aquí, a nadie se le ocurre.

Algo tiene que hacerse…

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